lunes, 24 de noviembre de 2025

México eleva su meta climática: plantea recortar 50% de sus emisiones para 2035


 México contaba con un objetivo previo de disminuir 35 por ciento sus emisiones de GEI, una meta aún pendiente, que ahora busca superar.

El gobierno federal presentó la Actualización de la Contribución Determinada a Nivel Nacional 3.0 (NDC 3.0), donde se establece un compromiso de recortar a la mitad las emisiones de Gases de Efecto Invernadero para 2035. Además, por primera vez se incorpora el componente de pérdidas y daños. Así lo informó la secretaria de Medio Ambiente, Alicia Bárcena, durante su participación en el Segmento de Alto Nivel de la COP30, realizada en Belém, Brasil.

“En esta COP de la verdad, lo que técnicamente llamamos pérdidas y daños, en la vida cotidiana son niñas, niños y familias que lo pierden todo en minutos por fenómenos climáticos agravados por un modelo de desarrollo destructivo. No hablamos solo de números, hablamos de ausencias. Por eso nuestra NDC integra este componente: porque ya no basta con mitigar y adaptarnos cuando la vulnerabilidad avanza más rápido que nuestra capacidad de respuesta”, señaló.

Bárcena subrayó que, aunque México aporta únicamente 1.3 por ciento de las emisiones globales, el país asume metas absolutas de mitigación sin precedentes: entre 364 y 404 millones de toneladas de CO equivalente en emisiones netas no condicionadas para 2035, y entre 332 y 363 millones de toneladas bajo condiciones específicas.

Esto implica un recorte del 50 por ciento respecto a la trayectoria actual de emisiones, con la meta de alcanzar cero emisiones netas para 2050.

“La NDC impulsa una transición justa en lo energético y social, como base de una prosperidad incluyente. Está alineada con el Plan México, que contempla nuevos proyectos para descarbonizar la economía, fortalecer la economía circular, cumplir la meta de conservar 30 por ciento del territorio nacional para 2030, restaurar ecosistemas y promover soluciones basadas en la naturaleza”, añadió.

La secretaria también destacó que México trabaja con urgencia en la Política Nacional de Adaptación, una estrategia diseñada para transformar la vulnerabilidad en resiliencia.

“El cómo es tan importante como el qué. Por eso, los medios de implementación no son un adorno: necesitamos financiamiento climático real, accesible y predecible; cooperación y transferencia tecnológica sin imposiciones; y corresponsabilidad en lugar de simulación”.

Durante un evento de la Iniciativa Internacional sobre el Clima (IKI), Bárcena reconoció que la meta de la NDC anterior —reducir 35 por ciento las emisiones— no se logró, pero afirmó que la nueva propuesta representa un avance sustancial.

Greenpeace México celebra que el desplazamiento climático sea una prioridad

Greenpeace México destacó que la nueva actualización de la NDC incorpora el desplazamiento climático como un eje fundamental en la política climática nacional y que, por primera vez, se integra un capítulo de Pérdidas y Daños que incluye impactos no económicos. Asimismo, reconoció que se contempla la necesidad de una política transversal con enfoque de género, derechos humanos y justicia intergeneracional.

“En un gesto de liderazgo global, México presentó su tercera NDC, donde sobresale el apartado de Movilidad Humana, desde el cual se reconoce el desplazamiento climático dentro del nuevo componente de pérdidas y daños”, señaló la organización.

En un comunicado, Greenpeace indicó que el documento muestra mayor ambición al plantear rutas sectoriales más claras para atender los impactos del cambio climático y coherencia respecto a los mecanismos de financiamiento, claves para una transición energética justa y para desarrollar infraestructura resiliente. Además, resaltó la importancia de garantizar la participación equitativa de todos los sectores, especialmente de los más vulnerables frente a la crisis climática: mujeres, niñas y niños, y comunidades indígenas y afromexicanas.

Nuevo León registra 295 delitos ambientales durante 2025


 De enero a octubre, en todo el país se han reportado mil 46 denuncias relacionadas con daños a la naturaleza.

A pesar de su fuerte presencia industrial, el estado se ubica en la posición 17 a nivel nacional en este tipo de ilícitos.
En los primeros 10 meses de 2025, Nuevo León acumuló 295 delitos vinculados al medio ambiente, de los cuales 26, equivalentes al 8.81 por ciento, corresponden al ámbito federal.

De acuerdo con la Fiscalía General de Justicia del Estado (FGJNL), entre enero y octubre se contabilizaron 269 ilícitos ambientales de competencia local, lo que representa el 91.19 por ciento del total registrado en la entidad.

Por su parte, datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) señalan que, del 1 de enero al 31 de octubre, se abrieron 26 carpetas de investigación por delitos federales relacionados con el ambiente y su gestión. En conjunto, suman las 295 denuncias reportadas.

Es relevante señalar que, con esos 26 casos federales, Nuevo León —pese a su amplia actividad industrial— ocupa el puesto 17 a nivel nacional en esta materia.

A nivel país, el año 2025 suma mil 46 delitos ambientales entre las 32 entidades.
Tamaulipas encabeza la lista con 96 incidentes.

Según las cifras oficiales, el resto del top 6 lo integran Jalisco, con 80 casos; Baja California Sur, 79; Michoacán, 69; así como el Estado de México y Oaxaca, ambos con 63 delitos registrados.

En contraste, solo tres entidades reportan menos de 10 ilícitos ambientales en lo que va del año: Guanajuato con siete, Aguascalientes con cinco y Zacatecas con un solo caso.

En Nuevo León y en el país, estos delitos abarcan desde incendios forestales y maltrato animal hasta contaminación de aire y agua, tala clandestina y manejo inadecuado de desechos.

Los casos de jurisdicción estatal deben ser investigados y perseguidos por la Fiscalía Especializada en Medio Ambiente de Nuevo León.

Fuente: https://www.milenio.com/comunidad/acumula-nuevo-leon-295-delitos-contra-medio-ambiente-2025

Empresas B: el modelo empresarial que podría reescribir el futuro climático del planeta



 El debate sobre el clima en Belém, en el marco de la COP30, coincide con recientes estudios que analizan el impacto potencial del modelo de Empresas B. Las proyecciones indican que, si toda la economía adoptara sus criterios de gestión ambiental, el avance del calentamiento global podría frenarse de manera considerable.

Los datos provienen del simulador En-ROADS, una herramienta que anticipa los efectos de políticas sostenibles aplicadas a gran escala. El panorama actual es alarmante: la tendencia apunta hacia un incremento de 3,3 °C en la temperatura media del planeta para finales de siglo.

La implementación generalizada de estándares equivalentes a los de las Empresas B recortaría ese aumento en 0,5 °C hacia 2100. Este ajuste modificaría la trayectoria climática global y aliviaría parte de la presión que enfrentan los ecosistemas.

Hoy, más de 10.300 compañías certificadas impulsan acciones concretas en circularidad, transparencia y reducción de emisiones. A escala mundial, sus avances superan ampliamente a los de empresas que no siguen este modelo. En la región, Argentina ocupa un lugar relevante, con un crecimiento constante y 278 organizaciones certificadas.

Un modelo centrado en el impacto comprobable

El estudio de B Lab analiza miles de empresas de distintos rubros y tamaños. Los resultados confirman que las organizaciones certificadas aplican políticas ambientales más profundas y transversales.

La clave radica en la combinación de monitoreo, divulgación de datos y decisiones orientadas a objetivos de impacto. La medición de emisiones se posiciona como un factor crítico para mejorar el desempeño climático.

Las compañías que registran su huella ambiental logran reducciones sostenidas de gases de efecto invernadero. Esta metodología se vuelve indispensable en un contexto donde los límites planetarios ya han sido superados.

El modelo B incorpora el propósito dentro de la estructura operativa y de gobernanza de cada empresa. Las decisiones se toman considerando a trabajadores, comunidades y entornos naturales. Este enfoque refuerza la resiliencia corporativa en un marco de regulaciones climáticas cada vez más estrictas.

Innovaciones que acompañan la transición ecológica

El informe reúne experiencias internacionales que muestran cómo el modelo B impulsa soluciones concretas. Desde materiales biodegradables hasta agricultura regenerativa, la innovación se extiende a múltiples sectores. El propósito común es disminuir impactos y rediseñar cadenas de valor enteras.

Entre los casos destacados figuran proyectos biotecnológicos que buscan reemplazar plásticos convencionales. También surgen iniciativas de moda circular que prolongan el ciclo de vida de millones de prendas. La recuperación textil y el reciclaje industrial se consolidan como áreas de crecimiento acelerado.

Estas prácticas representan una visión empresarial que combina rentabilidad con regeneración. A la vez, evidencian que los esquemas tradicionales ya no alcanzan. Las economías emergentes requieren estructuras preparadas para resguardar sistemas naturales bajo fuerte amenaza.

Beneficios para el clima y las comunidades

La posible extensión de las prácticas de las Empresas B al conjunto de la economía tendría efectos profundos. Una disminución de 0,5 °C en el calentamiento global evitaría cientos de miles de muertes por golpes de calor.

También reduciría el riesgo de extinción para miles de especies vulnerables. La baja en emisiones permitiría aliviar la presión sobre ecosistemas debilitados, favoreciendo la estabilidad de suelos, cuerpos de agua y biodiversidad. Además, las economías podrían reducir costos derivados de desastres climáticos.

Las comunidades, por su parte, se beneficiarían de modelos empresariales más inclusivos. La gobernanza con enfoque social mejora las condiciones laborales y promueve la equidad, fortaleciendo así una economía menos expuesta a crisis ambientales o financieras.

Orígenes de las Empresas B y expansión global

El movimiento surgió a partir de la búsqueda de un nuevo paradigma corporativo. A mediados de los 2000, un grupo de emprendedores diseñó un estándar que midiera el impacto real. Su meta era crear empresas capaces de equilibrar rentabilidad con responsabilidad social y ambiental.

B Lab nació como entidad certificadora y de acompañamiento. La idea se difundió rápidamente entre organizaciones que buscaban distanciarse de prácticas tradicionales. La transparencia, verificabilidad y obligatoriedad legal del modelo impulsaron su reconocimiento internacional.

Con el tiempo, la certificación B se volvió sinónimo de gestión sostenible. Su presencia en más de 100 países consolidó una red global de innovación, facilitando el intercambio de herramientas, métricas y estrategias para ampliar su impacto.

Aportes ambientales concretos

Las Empresas B aplican políticas ambientales que abarcan toda su cadena de valor: recortes de emisiones, aprovechamiento responsable de recursos y estrategias de economía circular. La sostenibilidad deja de ser un gesto aislado para convertirse en un eje estructural.

El compromiso climático se apoya en mediciones periódicas y metas basadas en ciencia, lo que garantiza reducciones sostenidas en gases de efecto invernadero. La transparencia permite verificar públicamente los avances.

Además, el modelo impulsa prácticas regenerativas en suelos, océanos y bosques. La innovación en materiales, energías limpias y reciclaje industrial amplía su contribución ambiental. Cada iniciativa ayuda a desacelerar la degradación ecológica y a recuperar ecosistemas afectados.

Un nuevo estudio revela las claves para anticipar erupciones volcánicas


 Un equipo internacional de científicos logró descifrar cómo la fricción interna y la formación de burbujas en el magma influyen en el tipo de erupción. La investigación cuestiona el modelo tradicional que vinculaba la explosividad solo con la presión y el contenido de gases.

Los resultados ofrecen una herramienta esencial para prever comportamientos eruptivos en volcanes activos. El estudio se concentró en explicar por qué algunos volcanes con magma rico en gases producen erupciones tranquilas.

Para eso, el equipo combinó experimentos de laboratorio con modelos informáticos diseñados para simular condiciones reales. Ejemplos como el Monte St. Helens y el Quizapu permitieron observar estas dinámicas en escenarios históricos.

Los investigadores descubrieron que la creación y el movimiento de burbujas son procesos más complejos de lo que se pensaba. La fricción entre el magma y las paredes del conducto genera burbujas incluso sin cambios de presión externos. Este hallazgo modifica el enfoque con el que se construyen los modelos de predicción volcánica.

Un estudio revela las claves para anticipar erupciones.

La fricción, una fuerza oculta que define el rumbo de una erupción

El nuevo modelo destaca que las fuerzas de cizallamiento dentro del volcán juegan un papel central. En zonas próximas a las paredes del conducto, el magma se desplaza más lento y se acumula fricción.

Ese movimiento desigual actúa como un gatillo para la formación de burbujas de gas. Estas burbujas iniciales crean condiciones ideales para que surjan nuevas burbujas en cadena. El proceso se acelera cuando el magma posee una alta saturación de gases desde su origen. 

Los experimentos revelaron que, bajo esas condiciones, se necesita menos fricción para repetir el fenómeno. Al formarse burbujas en sectores específicos, el gas encuentra vías de escape antes de alcanzar la superficie.

Esto puede facilitar que el magma libere presión sin detonar una explosión violenta. Por eso, algunos volcanes con material viscoso sorprenden con erupciones tranquilas y lava fluida.

Implicancias sobre la dinámica eruptiva

La distribución y cantidad de burbujas determinan cómo asciende el magma por el conducto volcánico. Cuando las burbujas se combinan y crean canales, el gas se libera de forma anticipada. Este mecanismo reduce la presión interna y cambia por completo el tipo de erupción.

La observación del Monte St. Helens en 1980 respalda este patrón. Antes de la gran explosión, el volcán presentó un flujo lento de lava dentro del cono. Recién cuando un deslizamiento agrandó el conducto y disminuyó la presión, se produjo la detonación.

Los modelos por computadora confirmaron que estos procesos ocurren especialmente cerca de las paredes del volcán. Allí, el magma viscoso se ve sometido a intensas fuerzas de cizallamiento que propician la formación de burbujas. Esto permite actualizar los criterios con los que se evalúan los escenarios eruptivos.

Aporte científico: cómo estas investigaciones mejoran la seguridad ambiental

Comprender la dinámica interna del magma permite estimar con mayor precisión el riesgo de una erupción. Los datos obtenidos ayudan a diferenciar entre eventos explosivos y episodios de desgasificación progresiva.

Esto es clave para planificar evacuaciones, monitorear zonas vulnerables y diseñar alertas tempranas. El trabajo también fortalece los modelos que describen el comportamiento de volcanes considerados impredecibles.

Al incorporar la fricción y el movimiento interno, se adquiere un enfoque más realista de los procesos subterráneos. Esto mejora la capacidad de los científicos para anticipar cambios bruscos en la actividad volcánica.

Estos avances nutren la gestión ambiental en regiones donde la actividad volcánica es parte del territorio. Además, permiten comprender cómo la presión, el gas y el flujo del magma influirán en los ecosistemas cercanos. La ciencia volcánica avanza así hacia instrumentos más precisos para reducir riesgos y proteger comunidades.

Fuente: https://noticiasambientales.com/ciencia/un-nuevo-estudio-sobre-el-magma-revela-las-claves-para-anticipar-erupciones-y-reducir-riesgos-ambientales/

Riesgo ecológico en Latinoamérica: pesticidas peligrosos en aguas residuales urbanas


 Una investigación realizada en Costa Rica puso en evidencia un problema poco discutido en la región: los pesticidas también se concentran en aguas residuales de origen urbano, incluso después de pasar por sistemas de tratamiento.

El análisis identificó 29 sustancias usadas de forma habitual en hogares, negocios e industrias. Estos compuestos aparecieron tanto en el agua que ingresa como en la que sale de cuatro plantas de tratamiento del Valle Central, la zona con mayor densidad poblacional del país.

Las sustancias más alarmantes fueron cipermetrina, diazinon, cinerina II, diuron y terbutrina. En todos los casos, sus concentraciones superaron los límites recomendados para la fauna acuática, lo que implica un riesgo constante para los ríos y quebradas que reciben estos vertidos. Además, pertenecen a grupos químicos asociados con daños neurológicos y alteraciones hormonales.

El hallazgo más sorpresivo fue la presencia de cinco pesticidas que nunca habían sido reportados en aguas residuales urbanas. Entre ellos destacan cinerina II, flubendiamida, dicloran, bifenilo y 1,4-dimetilnaftaleno. Muchos provienen de insecticidas domésticos, fungicidas para plantas ornamentales y conservantes utilizados en alimentos.

Herramientas para medir el impacto toxicológico

Para determinar la magnitud del riesgo, el equipo empleó un coeficiente de peligro que compara las concentraciones detectadas con niveles seguros para la vida acuática. También aplicaron pruebas con tres organismos centinela: un crustáceo de agua dulce, una bacteria luminosa y semillas de lechuga.

Los resultados fueron claros: 17 compuestos representaron un peligro ambiental significativo. No obstante, el panorama fue aún más complejo cuando se evaluó el efecto conjunto. La mezcla de todas las sustancias elevó la toxicidad total, tanto en el agua cruda como en el efluente tratado.

La combinación de químicos actuó de forma acumulativa, generando un riesgo mayor al que presentaría cada pesticida por separado. Este estudio es pionero en la región al considerar más de 400 ingredientes activos presentes en formulaciones comerciales.

El avance constituye un paso clave para comprender cómo las ciudades descargan contaminantes invisibles en los ecosistemas. También abre la puerta a futuras evaluaciones centradas en los efectos combinados de residuos químicos.

Limitaciones estructurales en el tratamiento de aguas

Especialistas en recursos hídricos señalan que esta problemática no se limita a Costa Rica. La mayoría de las plantas de tratamiento en América Latina fueron diseñadas para remover materia orgánica, pero no pesticidas ni sustancias altamente persistentes.

Como resultado, los efluentes terminan liberando compuestos que los sistemas no pueden retener ni degradar. Incluso, algunos pesticidas incrementaron su concentración en la salida de ciertas plantas.

Esto puede ocurrir cuando los químicos se desprenden de los sólidos retenidos o se transforman durante el proceso. El fenómeno pone en evidencia deficiencias que hacen urgente revisar los métodos actuales de depuración.

En Costa Rica, menos del 15 % de la población está conectada a sistemas de tratamiento de aguas residuales. Esto significa que la mayoría de los desechos urbanos llega directamente a los ríos. La combinación de baja cobertura y tecnologías insuficientes incrementa el riesgo para los cuerpos de agua dulce.

Una problemática regional que avanza más rápido que la regulación

El informe resalta un desafío mayor: la incorporación acelerada de nuevas moléculas al mercado. La industria introduce compuestos con rapidez creciente, mientras los marcos regulatorios tardan años en evaluarlos, controlarlos o prohibirlos.

Así, sustancias retiradas en naciones industrializadas siguen en circulación en mercados con controles más débiles. Este atraso regulatorio impacta directamente en los ambientes urbanos y en los cuerpos de agua.

Los pesticidas se aplican masivamente en jardines, edificios, comercios y espacios públicos sin orientación clara sobre sus efectos. El resultado es un flujo continuo de químicos hacia drenajes y ríos.

La magnitud del problema exige coordinar acciones con las instituciones encargadas del saneamiento y la planificación urbana. Las decisiones sobre infraestructura determinan qué sustancias llegan a los ríos y cuáles podrían ser filtradas o tratadas. La falta de actualización tecnológica y regulatoria deja a las ciudades vulnerables a una contaminación silenciosa pero persistente.

Beneficios de esta iniciativa científica para la región

El estudio abre una oportunidad para transformar la gestión ambiental urbana en América Latina. Su mayor aporte es visibilizar un problema antes ignorado: los pesticidas usados en la vida cotidiana también contaminan los ecosistemas.

Tener datos concretos permite promover políticas más efectivas y adaptadas a la realidad regional. Además, la metodología facilita identificar químicos emergentes de manera temprana.

Esto puede ayudar a actualizar normativas, restringir sustancias altamente tóxicas y mejorar los criterios para productos de uso doméstico. También ofrece herramientas para optimizar el diseño de plantas de tratamiento y fomentar tecnologías capaces de retener contaminantes persistentes.

La investigación impulsa la colaboración entre universidades, autoridades locales y entidades ambientales. Con evidencia sólida, la región puede avanzar hacia estrategias de prevención, educación ciudadana y monitoreo continuo. A largo plazo, estos esfuerzos podrían reducir la carga de químicos que llega a los ríos urbanos y fortalecer la salud de los ecosistemas.

El millonario negocio oculto en la basura europea


El verdadero destino de los residuos europeos vuelve a quedar expuesto ante el avance del tráfico ilegal. Los últimos análisis muestran que este mercado clandestino se volvió más complejo y rentable que nunca.

La ausencia de controles sólidos facilita que grupos criminales aprovechen vacíos normativos y fallas en la gestión pública. Estas redes evaden los sistemas oficiales de recolección, emplean papeles adulterados y se apoyan en la corrupción para mover cargas entre fronteras sin revisión.

Este escenario convierte a Europa en un punto clave para una actividad de bajo riesgo y enorme beneficio económico. La combinación de empresas fachada y operadores ilegales permite ocultar el origen de grandes volúmenes de desechos.

Las autoridades de la UE enfrentan crecientes dificultades para seguir el rastro de estos flujos. Esto plantea un desafío cada vez más complejo para los organismos ambientales que buscan contener el daño ecológico.

El millonario negocio oculto en la basura europea

La dimensión del problema quedó expuesta tras descubrirse una enorme acumulación clandestina de residuos en Oxfordshire. Esta “montaña” de desechos reveló fallas graves en contratos públicos y en los mecanismos de fiscalización.

El caso evidenció que incluso los sistemas más estrictos pueden perder el control del manejo de la basura. Investigaciones preliminares estiman que hasta un tercio de los traslados de residuos podría ser ilegal.

Este comercio encubierto mueve miles de millones de euros cada año, tanto dentro de Europa como hacia otros continentes. Los envíos autorizados conviven con un tráfico paralelo que escapa a cualquier verificación.

Los cargamentos fraudulentos incluyen aparatos electrónicos, materiales peligrosos y plásticos sin capacidad de reciclaje. Muchos terminan en países con regulaciones ambientales débiles, profundizando la contaminación del suelo, el agua y afectando a comunidades ya vulnerables.

La transición verde y los incentivos que impulsan el delito

Europa avanza hacia un modelo económico más sostenible, pero el encarecimiento del tratamiento de ciertos residuos abre oportunidades para las redes criminales. Los componentes electrónicos, gases industriales y fibras textiles requieren procesos costosos que algunos actores buscan eludir.

Las organizaciones ilícitas se valen de especialistas del sector para identificar los materiales de mayor valor. Aprovechan lo que pueden reciclar con ganancia y abandonan el resto en depósitos no autorizados. Esto ha generado acumulaciones tóxicas desde Europa Central hasta África Occidental.

En muchos casos, los residuos peligrosos se mezclan con otros para disimular su verdadera naturaleza. Luego se comercializan como material reutilizable o se envían a instalaciones que los eliminan de forma irregular. El resultado es un sistema que opera sin trazabilidad alguna.

Redes criminales cada vez más sofisticadas

Nuevas investigaciones muestran cómo estas estructuras combinan compañías legales con operadores ilícitos. Bajo este esquema, toneladas de desechos peligrosos circulan entre países sin controles efectivos.

Las ganancias superan ampliamente los riesgos. Los casos registrados en Europa del Este revelan un patrón constante: cargas provenientes de Alemania, Italia o el Reino Unido se etiquetan como reciclables.

En realidad, esconden residuos tóxicos que luego se entierran o se vierten en terrenos no autorizados. Las autoridades detectan documentos falsificados, rutas de transporte intrincadas y uso intensivo de empresas de papel. El fin es diluir la responsabilidad y evitar auditorías, lo que complica la supervisión oficial.

Impactos ambientales y sociales de un sistema desbordado

El tráfico ilegal de residuos intensifica la contaminación de suelos y aguas en distintas regiones. La quema o el entierro clandestino liberan sustancias tóxicas que dañan la biodiversidad, degradan ecosistemas y comprometen servicios ambientales vitales.

Las emisiones derivadas de estas prácticas reducen la calidad del aire. Las poblaciones cercanas a estos focos enfrentan riesgos sanitarios mayores, con presencia de metales pesados y químicos persistentes que incrementan enfermedades respiratorias y dérmicas.

Los países receptores soportan la mayor carga. Sin infraestructura adecuada para tratar desechos peligrosos, la contaminación se vuelve permanente. Esto profundiza desigualdades globales y transfiere los costos ambientales a regiones más frágiles.

Además, el avance del tráfico ilegal debilita la transición ecológica europea. La fuga de residuos a circuitos clandestinos reduce las tasas reales de reciclaje y recuperación. Esto frena la construcción de una economía circular equitativa, verificable y ambientalmente segura.


Fuente: https://noticiasambientales.com/residuos/el-trafico-ilegal-de-residuos-crece-en-europa-y-amenaza-a-los-ecosistemas-dentro-y-fuera-del-continente/

 

Textiles ecológicos teñidos con bacterias: la innovación surcoreana


Un grupo de científicos en Corea del Sur desarrolló un método pionero para fabricar textiles sostenibles teñidos con bacterias, capaces de producir colores intensos y una durabilidad superior a la de los pigmentos industriales tradicionales.

Utilizando bacterias del género Komagataeibacter, conocidas por generar celulosa durante la fermentación, consiguieron obtener una fibra natural, biodegradable y altamente resistente. El verdadero logro consistió en lograr que este material adquiriera color durante su cultivo, sin necesidad de añadir químicos externos.

El desafío científico: unir celulosa y pigmentos

Al comienzo, intentar combinar bacterias productoras de celulosa con otras generadoras de pigmentos —como violaceinas (verdes a morados) o carotenoides (amarillos a rojizos)— resultaba ineficaz, pues una especie afectaba el crecimiento de la otra.

Con sucesivas modificaciones, el equipo halló la estrategia correcta:

  • Colores fríos: usaron un co-cultivo escalonado, permitiendo primero el desarrollo de la bacteria que sintetiza celulosa y sumando después la bacteria pigmentaria.
  • Colores cálidos: aplicaron un proceso en dos etapas, generando primero la fibra, luego purificándola y tiñéndola con pigmentos naturales.

El resultado fueron láminas de celulosa teñidas de manera uniforme y brillante, en tonos que abarcan del azul profundo al rojo, libres de químicos y sin generar contaminación.

Textiles sostenibles con resistencia comprobada

La fase siguiente consistió en evaluar si las fibras soportaban las mismas exigencias que enfrentan las prendas comunes. Los investigadores las sometieron a lavados, altas temperaturas, blanqueadores, ácidos y bases.

  • En la mayoría de las pruebas, los colores permanecieron estables.
  • Las fibras teñidas con violaceina mostraron incluso mayor resistencia al lavado que las teñidas con pigmentos sintéticos.

Estos resultados avalan su potencial para aplicaciones comerciales y demuestran que los pigmentos naturales pueden igualar —o superar— la calidad de los industriales.

Retos para la producción a gran escala

Pese al avance, aún se presentan obstáculos:

  • Escalar el proceso demanda inversión, equipamiento y tiempo.
  • Mientras los derivados del petróleo sigan siendo económicos, la industria textil tendrá pocas motivaciones para modificar su modelo actual.

No obstante, se observan señales de cambio. Países como Francia y Alemania aplican incentivos y normas que desincentivan la fabricación textil contaminante. Además, marcas independientes de Europa y América Latina ya experimentan con materiales biotecnológicos como la celulosa bacteriana, aunque todavía en niveles reducidos.

Beneficios ambientales y sociales

El valor de esta propuesta no radica solo en la técnica, sino en su alcance:

  • Permite avanzar hacia una industria textil más limpia, circular y menos dependiente del petróleo.
  • Al eliminar químicos tóxicos, reduce riesgos para trabajadores y ecosistemas.
  • Al ser totalmente biodegradable, evita residuos contaminantes al final de su ciclo de vida.

Combinada con producción local, compostaje textil y consumo responsable, esta tecnología podría redefinir el vínculo entre moda y medio ambiente.

La innovación surcoreana evidencia que la biotecnología puede integrarse a la vida cotidiana. Para su expansión se requerirá investigación continua, políticas públicas sólidas, regulaciones estrictas y consumidores informados que prioricen alternativas sostenibles.

El futuro de la moda podría depender de bacterias capaces de teñir fibras naturales, ofreciendo una opción real frente a los tintes sintéticos y delineando el camino hacia textiles verdaderamente sostenibles.

Fuente: https://noticiasambientales.com/innovacion/textiles-sostenibles-tenidos-con-bacterias-la-innovacion-desarrollada-en-corea-del-sur-que-desafia-a-los-tintes-sinteticos/#google_vignette