La experta en sostenibilidad Elena Bou afirma que la energía undimotriz, generada por el movimiento de las olas, podría convertirse en una fuente clave para cubrir la creciente demanda eléctrica de la inteligencia artificial.
La creciente demanda de electricidad impulsada por tecnologías como la inteligencia artificial está reabriendo el debate sobre nuevas fuentes de energía limpia. Para la experta en sostenibilidad Elena Bou, el océano podría ofrecer una solución con gran potencial: la energía undimotriz, que aprovecha el movimiento de las olas para generar electricidad.
Bou dirige desde hace más de quince años InnoEnergy, una empresa dedicada a impulsar innovaciones en tecnologías limpias y sistemas energéticos de emisiones netas cero. En 2023 recibió el Premio Nobel de Sostenibilidad, otorgado por el Nobel Sustainability Trust y la Universidad Técnica de Múnich.
El océano como fuente energética con enorme potencial
La energía generada por las olas no es un concepto nuevo. Desde el siglo XVII se han estudiado mecanismos para transformar el movimiento del mar en electricidad, aunque el interés científico creció significativamente tras la crisis petrolera de 1973.
Hoy, con los océanos cubriendo cerca del 70 % de la superficie del planeta, el potencial energético del mar resulta especialmente atractivo para países con amplias costas.
La energía undimotriz se diferencia de la energía mareomotriz en que no depende del movimiento de las mareas, sino del desplazamiento superficial de las olas.
Según Bou, muchos de los dispositivos actuales se inspiran en procesos naturales mediante biomimética, una disciplina que imita mecanismos biológicos para desarrollar tecnología. Algunos sistemas funcionan con movimientos rítmicos similares al bombeo del corazón humano, capturando la energía cinética del océano para transformarla en electricidad con bajas emisiones de carbono.
Europa ya ha probado proyectos de energía de las olas
En España se desarrolló uno de los primeros proyectos europeos de energía undimotriz. En 2009 entró en funcionamiento la planta conocida como Olas de Santoña, en Cantabria, compuesta por diez boyas instaladas a cuatro kilómetros de la costa.
El sistema tenía capacidad para generar electricidad suficiente para aproximadamente 2.500 hogares al año. Posteriormente surgieron otros proyectos en regiones como Tenerife, el País Vasco y Mallorca, donde en 2022 se inauguró una de las instalaciones más grandes de este tipo en el país.
Aunque actualmente esta tecnología todavía representa una fracción pequeña de la generación eléctrica global, los expertos consideran que su potencial es significativo.
Un recurso energético comparable al de la energía nuclear
Datos del Laboratorio Nacional de Energías Renovables del Departamento de Energía de Estados Unidos indican que la energía undimotriz podría producir más de 1.400 teravatios-hora (TWh) anuales, suficiente para abastecer a unos 130 millones de hogares.
En Europa, el potencial teórico se estima en 2.800 TWh al año, una cifra equivalente a aproximadamente el 107 % de la producción nuclear mundial registrada en 2023.
Por su parte, la Agencia Internacional de la Energía proyecta que para 2050 la producción global de energía oceánica podría alcanzar los 87 TWh.
La Unión Europea también impulsa este desarrollo. Sus objetivos energéticos incluyen alcanzar 1 gigavatio de capacidad de energía oceánica para 2030 y 40 gigavatios en 2050, suficiente para suministrar electricidad a cerca de 58 millones de hogares.
El crecimiento de la inteligencia artificial aumenta la demanda energética
Uno de los factores que está impulsando la búsqueda de nuevas fuentes energéticas es el rápido crecimiento de la inteligencia artificial y de los centros de datos que la sostienen.
Según estimaciones del Center for Health, Environment & Justice, una respuesta de unas 100 palabras generada por sistemas de IA puede consumir alrededor de 0,14 kilovatios-hora de electricidad.
Si solo el 10 % de los trabajadores en Estados Unidos utilizara estas herramientas una vez por semana, el consumo anual equivalente sería similar al gasto energético de todos los hogares de Washington durante unos 20 días.
Ante este escenario, Bou plantea que la energía de las olas podría contribuir a cubrir parte de esta creciente demanda eléctrica.
Centros de datos alimentados por energía oceánica
La experta considera que el enorme potencial energético del océano podría integrarse directamente con infraestructuras digitales.
Construir centros de datos cerca de zonas costeras permitiría aprovechar la energía generada por el movimiento de las olas para alimentar sistemas informáticos y reducir su huella de carbono.
“Con un potencial tan amplio, la energía undimotriz podría desempeñar un papel clave en el suministro eléctrico que exige el crecimiento de la inteligencia artificial”, sostiene Bou.
Retos tecnológicos y económicos
A pesar de sus ventajas, la energía undimotriz todavía enfrenta varios desafíos. Los costos de desarrollo siguen siendo elevados y las instalaciones en alta mar requieren infraestructuras complejas para conectarse a la red eléctrica.
No obstante, Bou estima que los avances tecnológicos, la mejora de los sistemas operativos y las economías de escala podrían reducir los costos hasta un 44 % para 2030.
Si estas mejoras se concretan, la energía de las olas podría convertirse en una pieza importante dentro del sistema energético global, especialmente en un contexto donde la demanda eléctrica continúa creciendo impulsada por nuevas tecnologías digitales.




