En Bélgica, la noche ha estado dominada durante décadas por el resplandor de las luces artificiales. El país se encuentra entre los más afectados por la contaminación lumínica, un fenómeno que no solo borra las estrellas del cielo, sino que también altera profundamente la vida silvestre. Satélites muestran un brillante manto luminoso sobre gran parte del territorio, reflejando la magnitud de un problema que preocupa a científicos y ambientalistas.
La causa principal son las farolas, carreteras iluminadas y la densidad urbana, que prácticamente eliminan las zonas de oscuridad natural. Este exceso de luz afecta los ciclos de vida de aves, insectos, mamíferos, anfibios y reptiles, modificando patrones de migración, alimentación, reproducción y depredación, con impactos en cadena sobre la biodiversidad.
Un proyecto pionero en Entre-Sambre-et-Meuse
Para enfrentar esta situación, en 2021 se lanzó una iniciativa en el parque nacional de Entre-Sambre-et-Meuse, cuyo objetivo es retirar farolas innecesarias. De las 8.000 luminarias del parque, unas 480 (6%) fueron identificadas como prescindibles, ubicadas a más de 50 metros del edificio más cercano.
El plan prioriza corredores ecológicos y rutas de aves migratorias, eliminando postes en caminos rurales poco transitados y zonas donde la luz ya es suficiente. Así, la noche recupera su equilibrio natural, y muchas especies pueden retomar comportamientos perdidos.
Innovación y conservación
Un elemento destacado del proyecto es reutilizar algunos postes para favorecer la nidificación de la cigüeña blanca, que vuelve a asentarse en la región tras décadas de ausencia. Las plataformas instaladas en lo alto de los antiguos postes ofrecen refugio seguro para esta especie protegida, integrando infraestructura y conservación.
Opiniones divididas
El cambio ha generado debate en la comunidad. Nicolas Goethals, responsable de la iniciativa, enfatiza que la protección de la fauna debe equilibrarse con la seguridad de los vecinos: “No podemos priorizar a los murciélagos por encima de una persona mayor”. Mientras algunos temen accidentes o sensación de inseguridad, otros celebran la recuperación del cielo estrellado y un entorno más saludable.
Las autoridades aseguran que la retirada de farolas se realiza solo donde la iluminación no es esencial, y exploran alternativas de bajo impacto como sensores de movimiento o luces suaves que combinen seguridad y respeto ambiental.
Tendencia internacional
Bélgica no está sola: países como Francia, Alemania y los Países Bajos aplican políticas similares para limitar la contaminación lumínica, y en España existen reservas de cielo oscuro que promueven el turismo astronómico y la conservación.
El proyecto de Entre-Sambre-et-Meuse se presenta como un modelo regional dentro de un movimiento global que busca equilibrar la vida moderna con la protección de la oscuridad natural y la biodiversidad.




