La escasez de combustible en Cuba revive el uso masivo de la bicicleta, un medio de transporte que marcó el Período Especial de los años 90 y que hoy vuelve a ganar protagonismo en medio de la crisis energética.
La actual crisis energética en Cuba está provocando un fenómeno que muchos habitantes de la isla recuerdan bien: el regreso masivo de la bicicleta como medio de transporte. Ante la escasez de combustible, los apagones frecuentes y el aumento del costo del transporte, cada vez más personas recurren a pedalear para desplazarse por ciudades como La Habana.
Para muchos cubanos, esta situación evoca los años del llamado Período Especial en Cuba, la crisis económica que comenzó tras el colapso de la Unión Soviética a finales de los años ochenta. En aquel momento, la fuerte dependencia económica de la isla respecto al bloque socialista provocó una caída del PIB superior al 40 % en apenas tres años y generó una escasez generalizada de combustible, alimentos y materias primas.
Escasez de combustible y transporte limitado
Hoy, la falta de petróleo vuelve a afectar la vida cotidiana en la isla. Los cubanos se enfrentan a largos apagones, dificultades para acceder a productos básicos y un transporte público cada vez más limitado.
Las calles de La Habana muestran menos autobuses y automóviles, mientras aumentan las bicicletas, motos eléctricas y triciclos. Para muchos ciudadanos, la bicicleta representa una alternativa práctica y económica frente a los altos costos del transporte motorizado.
“Cada vez que hay crisis en este país, lo primero que falla es el combustible”, explica Yoan, un pescador habanero de 52 años que utiliza la bicicleta para desplazarse. “Es más barata, más rápida y además haces ejercicio”.
El precedente de los años noventa
Durante el Período Especial, el gobierno cubano impulsó el uso de la bicicleta para enfrentar la crisis energética. Más de un millón de bicicletas fueron importadas desde China, muchas de las cuales se vendieron a precios bajos o se asignaron directamente a trabajadores del Estado.
En ciudades como Santiago de Cuba, las bicicletas transformaron el paisaje urbano. Aparcamientos improvisados comenzaron a aparecer frente a escuelas, fábricas y oficinas, reflejando la magnitud del cambio en la movilidad urbana.
Con la recuperación económica parcial en los años posteriores, el uso masivo de bicicletas disminuyó y muchos cubanos volvieron a depender del transporte motorizado.
Nuevas iniciativas para promover la bicicleta
En medio de la actual crisis, algunos proyectos buscan cambiar la percepción de la bicicleta como símbolo de escasez. Uno de ellos es Citykleta, una iniciativa creada en La Habana por el emprendedor Yasser González Cabrera.
Desde 2015, el proyecto organiza actividades ciclistas y programas educativos para fomentar el uso de la bicicleta como parte de un estilo de vida sostenible y no solo como respuesta a una crisis.
Entre sus iniciativas destaca Aprende a pedalear, un curso gratuito que enseña a adultos a montar bicicleta. La demanda ha superado las expectativas iniciales del programa, con más de 250 personas inscritas.
Un dato llamativo es que el 84 % de los participantes son mujeres, muchas de ellas interesadas en utilizar la bicicleta para desplazarse por la ciudad o para actividades recreativas.
Una opción frente a la crisis
Para muchos cubanos, el regreso de la bicicleta responde a una necesidad inmediata. El precio de los automóviles y la escasez de combustible dificultan el uso de vehículos privados, mientras que el transporte público resulta insuficiente.
Algunas familias ya utilizan la bicicleta como principal medio para desplazarse al trabajo o a la universidad. Otros la ven también como una forma de recuperar espacios de ocio en una ciudad marcada por las dificultades económicas.
Aunque el contexto actual recuerda a las crisis del pasado, iniciativas ciudadanas buscan consolidar la bicicleta como una herramienta permanente de movilidad urbana, más allá de las circunstancias económicas que hoy impulsan su regreso.




