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jueves, 5 de febrero de 2026

  • febrero 05, 2026


La ciudad de Ámsterdam se convertirá en la primera capital del mundo en vetar la publicidad de carne en la vía pública, una medida que entrará en vigor el 1 de mayo tras su aprobación oficial en enero. La decisión modifica la normativa municipal para impedir anuncios de productos cárnicos en vallas, pantallas publicitarias, estaciones de transporte y otros espacios abiertos, aunque permitirá su promoción dentro de los establecimientos que los venden o en las inmediaciones de estos.

El objetivo de la iniciativa no es prohibir el consumo de carne, sino limitar su promoción masiva en espacios comunes, especialmente debido al impacto ambiental asociado a su producción. La regulación también incluye restricciones a la publicidad de vuelos, cruceros, combustibles fósiles y vehículos de gasolina, todos considerados productos con alta huella climática.

La propuesta fue respaldada por la mayoría del consejo municipal y presentada por partidos que impulsan políticas climáticas y de bienestar animal. Forma parte de una estrategia más amplia que busca fomentar dietas más saludables y sostenibles, con la meta de que para 2050 al menos la mitad de la alimentación de la población sea de origen vegetal.

Diversos organismos internacionales, incluida la ONU, han señalado que la producción de alimentos de origen animal —especialmente carnes rojas y lácteos— genera mayores emisiones de gases de efecto invernadero que los alimentos vegetales. Organizaciones ambientales y de nutrición consideran que reducir la promoción de estos productos puede contribuir tanto a disminuir las emisiones como a impulsar cambios en los hábitos alimentarios.

Aunque Ámsterdam es la primera capital en aplicar esta medida, otras ciudades neerlandesas ya han adoptado restricciones similares en años recientes, lo que apunta a una tendencia creciente en políticas públicas orientadas a reducir el impacto climático del sistema alimentario.

  • febrero 05, 2026

La posible decisión del Gobierno federal de retomar la fractura hidráulica para la extracción de gas y petróleo ha abierto tensiones dentro del propio bloque gobernante. Legisladores de Morena y del Partido del Trabajo (PT) ya adelantaron su rechazo a la medida, mientras que el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) respalda la estrategia al considerarla necesaria para fortalecer la producción energética nacional.

Durante el sexenio anterior, el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador se pronunció en repetidas ocasiones contra el fracking e incluso promovió una reforma constitucional para prohibirlo; sin embargo, la iniciativa no fue aprobada en el Congreso. Ese vacío legal permite ahora que la actual administración analice impulsar nuevamente esta técnica, con el argumento de reducir la dependencia del gas importado desde Estados Unidos y aprovechar reservas detectadas en estados como Coahuila, Tamaulipas y Veracruz. La extracción de estos recursos formaría parte de la meta gubernamental de incrementar la producción nacional de hidrocarburos.

El posible giro en la política energética ha generado resistencias entre legisladores oficialistas que mantienen una postura ambientalista. Diputados de Morena y del PT recuerdan que en años recientes se organizaron foros legislativos donde especialistas y activistas advirtieron sobre los riesgos de la fractura hidráulica, especialmente por su impacto en el agua, el suelo y las emisiones contaminantes. Algunos de estos legisladores incluso promovieron iniciativas para prohibir la práctica en la Constitución, aunque dichas propuestas no avanzaron en el proceso legislativo.

Representantes del PT han señalado que su posición histórica sigue siendo contraria al fracking, al considerar que se trata de una técnica de alto costo ambiental que podría afectar severamente a las regiones donde se planea aplicar. Legisladores de Morena que comparten esta postura también han manifestado que no respaldarán reformas regulatorias que faciliten su implementación.

En contraste, el PVEM ha expresado apoyo al cambio de rumbo energético y sostiene que la reactivación del fracking podría contribuir a recuperar la producción petrolera del país. Desde este partido se argumenta que los avances tecnológicos permiten reducir riesgos ambientales y que la discusión debe centrarse en la viabilidad económica y energética del proyecto.

El debate anticipa una confrontación tanto dentro del oficialismo como frente a organizaciones ambientales, que durante años han advertido sobre los efectos de esta técnica en los ecosistemas y en las fuentes de agua. Mientras el Ejecutivo evalúa los pasos regulatorios necesarios para avanzar, la falta de consenso político confirma que la fractura hidráulica volverá a convertirse en uno de los temas más polémicos de la agenda energética nacional.

  • febrero 05, 2026


Una muy lamentable noticia conmociona México: la desaparición del biólogo mexicano Miguel Ángel de la Torre Loranca ha generado preocupación en el país y en la comunidad científica. Su caso refleja los riesgos que enfrentan quienes realizan investigación de campo en regiones donde la presencia del Estado es limitada y las condiciones de seguridad son frágiles, especialmente en zonas rurales donde confluyen conflictos territoriales, criminalidad y disputas ambientales.

De la Torre Loranca, herpetólogo reconocido por su trabajo en la Sierra de Zongolica, Veracruz, fue secuestrado el 21 de noviembre de 2025 después de salir de su casa para atender lo que parecía una solicitud de diálogo. Horas más tarde, su familia recibió una llamada en la que se exigía un rescate; tras un primer pago, la comunicación se cortó y hasta ahora no existe información confirmada sobre su paradero.

Aunque no era una figura mediática, su trayectoria era ampliamente valorada en el ámbito académico y local. Durante décadas documentó especies de reptiles, formó estudiantes e impulsó proyectos educativos y de conservación. Incluso una serpiente de Oaxaca, Geophis lorancai, fue nombrada en su honor. También desempeñó un papel clave como primer director del Instituto Tecnológico Superior de Zongolica, donde promovió el acceso a la educación superior para jóvenes indígenas y rurales, así como programas de educación ambiental vinculados a las necesidades de las comunidades.

Su desaparición ocurre en un contexto nacional marcado por más de 115 000 personas desaparecidas y por los constantes riesgos que enfrentan investigadores, defensores ambientales y trabajadores de campo en regiones controladas por grupos criminales o afectadas por conflictos socioambientales. Casos recientes, como el asesinato de un estudiante de doctorado que realizaba investigación botánica en Sonora o la desaparición de defensores de la mariposa monarca en Michoacán, muestran que estas amenazas no son aisladas y con frecuencia permanecen impunes.

La familia y colegas de De la Torre Loranca continúan exigiendo su localización con vida y han decidido visibilizar el caso a nivel nacional e internacional con la esperanza de que la presión pública contribuya a acelerar las investigaciones y obtener respuestas.

miércoles, 4 de febrero de 2026

  • febrero 04, 2026


Una investigación realizada en la península de Yucatán, uno de los principales destinos del mundo para la observación del tiburón ballena, analizó los efectos del turismo sobre esta especie utilizando drones. El estudio señala que uno de los principales problemas es el incumplimiento de los protocolos por parte de operadores turísticos y visitantes, los cuales establecen límites claros sobre la distancia, el número de personas y la prohibición de tocar a los animales.

De acuerdo con los investigadores, la presencia simultánea de numerosas embarcaciones y nadadores genera alteraciones en el comportamiento del tiburón ballena. En lugar de alimentarse en la superficie, los animales suelen sumergirse para alejarse del disturbio, lo que interrumpe su ciclo de alimentación. Además, se han documentado lesiones provocadas por choques con embarcaciones, una de las amenazas más graves asociadas a esta actividad turística.

La preocupación por estos impactos surgió en 2013, cuando el biólogo marino Lucas Griffin participó en su primera excursión de avistamiento en Yucatán. Durante el recorrido observó un escenario caótico, con numerosos barcos circulando sobre los tiburones y turistas lanzándose al agua sin lineamientos claros sobre cómo interactuar con ellos. Esa experiencia lo llevó a investigar de manera sistemática los efectos del turismo sobre esta especie.

A partir de ello, Griffin y su equipo comenzaron a utilizar drones para estudiar las agregaciones de tiburón ballena —agrupaciones temporales que se forman durante la alimentación— y evaluar la forma en que interactúan con turistas y operadores. Las imágenes aéreas permitieron identificar infracciones recurrentes, como la falta de respeto a la distancia mínima, el hacinamiento de nadadores y la concentración excesiva de embarcaciones alrededor de un solo animal.

Los resultados del estudio, publicados en el Journal of Sustainable Tourism, muestran que el turismo de observación en México ha crecido de forma acelerada desde inicios del siglo XXI. De unas pocas embarcaciones al inicio, se pasó a más de 200 barcos con permisos, cada uno con capacidad para transportar hasta diez personas. Mientras que en 2003 se registraban alrededor de 3 000 turistas por temporada, para 2017 y 2018 la cifra superó los 100 000 visitantes.

Este crecimiento, señalan los especialistas, ha rebasado la capacidad de las autoridades para vigilar el cumplimiento de las normas. Cuando hay muchos turistas y pocos tiburones, los animales tienden a sumergirse y abandonar la zona, lo que reduce sus oportunidades de alimentarse. Los investigadores advierten que estas interrupciones constantes pueden afectar su metabolismo, su fisiología y, a largo plazo, su permanencia en estas áreas.

El análisis también reveló que el incumplimiento de las reglas aumenta cuando se incrementa el número de embarcaciones, nadadores y tiburones presentes, incluso cuando no se alcanza el límite máximo permitido de barcos. Esto demuestra que los topes por sí solos no bastan y que se requieren medidas de monitoreo más estrictas, mayor educación ambiental y una vigilancia efectiva en el mar.

Los científicos alertan que, si la presión turística continúa, los tiburones ballena podrían dejar de aparecer en estas zonas. El gasto energético que implica evitar a las embarcaciones, cambiar de dirección o bucear con mayor frecuencia puede superar la energía que obtienen al alimentarse. Por ello, subrayan la urgencia de reforzar el cumplimiento de las normas para garantizar la protección de esta especie y la sostenibilidad del turismo de avistamiento.

  • febrero 04, 2026


Durante décadas, el Río Colorado dejó de llegar al mar debido a presas, desvíos y acuerdos binacionales que priorizaron el uso humano del agua. Lo que alguna vez fue un delta lleno de vida terminó convertido en desierto, afectando gravemente al ecosistema y al pueblo indígena cucapá, para quienes el río era alimento, cultura e identidad.

A partir de los años 2000, México y Estados Unidos comenzaron a destinar pequeños volúmenes de agua al medio ambiente. Contra todo pronóstico, el delta respondió: con poca agua, la vegetación regresó y la fauna volvió a aparecer. Esto dio paso a acuerdos históricos —como las Actas 319 y 323— y al surgimiento de la Alianza Revive el Río Colorado, que impulsa la restauración ecológica del delta.

Hasta ahora, se han recuperado más de 500 hectáreas, plantado un millón de árboles nativos y registrado el regreso de cientos de especies. La clave ha sido la colaboración entre gobiernos, científicos, organizaciones civiles y comunidades locales, especialmente el pueblo cucapá.

Uno de los proyectos más recientes incorpora la apicultura como herramienta de restauración. Las abejas ayudan a polinizar la vegetación nativa y, al mismo tiempo, generan una actividad productiva para la comunidad. Para los cucapá, la miel no solo tiene valor económico, sino también cultural y medicinal.

Más allá de recuperar un río, el proyecto busca reconectar a las personas con la naturaleza, restaurar ecosistemas y mantener viva la memoria y el conocimiento ancestral. El objetivo no es volver al pasado, sino construir un futuro donde el agua, la vida y las comunidades puedan coexistir nuevamente en el delta del Río Colorado.

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