El estudio, publicado en la revista Scientific Reports, analizó datos recopilados desde 1987 en el mar de Barents. Los investigadores evaluaron el tamaño y la reserva de grasa de 770 ejemplares adultos monitoreados entre 1992 y 2019. Contra todo pronóstico, los resultados mostraron que, tras un periodo de declive en los años noventa, los osos comenzaron a recuperar peso incluso después del año 2000, cuando la pérdida de hielo se intensificó.
El fenómeno resulta llamativo porque el hielo marino es clave para la supervivencia de la especie: sobre él cazan focas anilladas, su presa principal. En otras regiones del Ártico, como la bahía occidental de Hudson y el sur del mar de Beaufort, la disminución del hielo se ha traducido en un deterioro de la salud y supervivencia de los osos.
Adaptación en un entorno cambiante
Los expertos sugieren que los osos de Svalbard podrían estar aprovechando recursos alternativos. A diferencia de otras poblaciones, han incorporado con mayor frecuencia presas terrestres como renos —cuya población ha crecido— y podrían estar beneficiándose de cambios en la distribución de focas, que se concentran en áreas con hielo residual.
No obstante, los científicos advierten que este comportamiento no elimina la amenaza climática. El deshielo obliga a los osos a nadar mayores distancias y a permanecer más tiempo en tierra, además de afectar toda la cadena alimentaria del ecosistema ártico.
Aunque el hallazgo representa una señal alentadora en un contexto dominado por noticias negativas, especialistas subrayan que el futuro sigue siendo incierto. Si el hielo marino desaparece por completo durante parte del año, la supervivencia de la especie se vería seriamente comprometida.
El caso de Svalbard muestra que algunas subpoblaciones pueden adaptarse temporalmente a condiciones cambiantes, pero también confirma que el equilibrio del Ártico continúa bajo una presión sin precedentes.




