Cada primavera, Washington D.C. celebra el famoso Festival de los Cerezos en Flor, cuando los delicados pétalos rosados adornan el National Mall y el Tidal Basin. Este espectáculo natural atrae a cientos de miles de visitantes, consolidándose como uno de los eventos más icónicos de la ciudad. Sin embargo, hace poco más de un siglo, estos paisajes carecían por completo de cerezos.
La historia detrás de la llegada de los cerezos a Estados Unidos es tan fascinante como las propias flores, y probablemente nunca habría ocurrido sin el entusiasmo de un grupo de aventureros y apasionados.
A principios del siglo XX, la agricultura estadounidense era diversa pero poco sofisticada. En este contexto, David Fairchild, un explorador botánico del Departamento de Agricultura (USDA), emprendió una misión para encontrar plantas exóticas que pudieran beneficiar a los agricultores del país. Impulsado por su curiosidad, introdujo numerosas especies que hoy son comunes en Estados Unidos, como mangos de la India, melocotones de China y aguacates de Chile.
Fue en 1902 cuando Fairchild descubrió los cerezos sakura en Japón. Fascinado por su encanto, decidió llevar algunos a su hogar. Adquirió 125 árboles para plantarlos en su jardín de Chevy Chase, Maryland.
El dueño del vivero de Yokohama, agradecido por la oportunidad de vender sus árboles en el extranjero, ofreció a Fairchild un precio simbólico de 10 centavos por cada cerezo. En la primavera de 1906, los árboles florecieron por primera vez, atrayendo a numerosos visitantes intrigados por la belleza de las flores rosadas.
La admiración fue tal que Fairchild encargó otros 300 árboles como obsequio para la ciudad de Chevy Chase, consolidando así el inicio de una tradición que sigue floreciendo hasta el día de hoy.
Fuente: https://www.nationalgeographic.es/historia/2025/03/como-llegaron-cerezos-japoneses-estados-unidos
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